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Una charla con Isma Reoyo

Micaela Vazquez
hace 9 minutos
5 min de lectura

Antes de nuestra última Noche Maridada de verano, Isma Reoyo, fundador de Acirate Vinos, nos cuenta un poco más sobre su historia, sus raíces y su vínculo con esta tierra.

 

Trabaja principalmente con vinos de la Sierra Suroeste de Madrid y de la Sierra de Gredos, de la provincia de Ávila, que serán los que degustaremos el próximo 25 de septiembre.



¿Cuál es tu relación con este territorio?


Colmenar del Arroyo es mi pueblo, sobre todo por parte paterna. Mis abuelos fueron emigrantes, eran de un pueblo de Valladolid que se llama Castronuño y vinieron aquí a buscarse la vida, y bueno, al final hicieron aquí vida y familia. Y la otra parte materna, es de la zona de Pelayos de La Presa y de San Martín de Valdeiglesias.

 

Es donde me he criado, mi vida la he pasado con mis abuelos.

 

Mis padres se han dedicado, y se dedican todavía, a la hostelería, entonces fines de semana, muchas tardes y noches, me he criado con ellos. Actualmente vivo en la que era la casa de mis abuelos, y detrás todo es campo y campo que se ha quemado.

 

Y la otra parte del verano la pasaba en Pelayos con mis otros abuelos, en la huerta con mi abuelo, en la viña, vendimiábamos..

 

Zonas directamente afectadas por los incendios entonces claro, me toca muy de cerca.

 

He conseguido no llorar ya después de mucho, desde que pasó todo esto, pero bueno, al fin y al cabo las raíces, lo que a mí me mueve, nuestra casa, nuestra infancia…

 

Mis abuelos son importantísimos y creo que por eso hay una unión muy fuerte también con Manolo Franco: con Manu, el equipo y su familia.

 

Tiramos por la tierra y defendemos nuestra pequeña patria, sin menospreciar lo de fuera, pero intentando ponerlo en valor.

 

Mi abuelo paterno era más castellano, el trabajo era casi lo único importante, tenía su trabajo de transportista con camión y luego él tenía una huerta maravillosa. Le gustaba beber vino pero no teníamos viñedos aquí, no tenía viña propia y algún año habrá hecho algo de vino, pero no relevante.

 

En cambio mi abuelo Esteban, la otra parte, de Pelayos de la Presa, fue el cartero del pueblo y aparte era “Esteban el de la huerta”. Era un hombre que se dedicaba a la agricultura porque era su pasión, aparte de su trabajo, muchos años después de ya jubilarse. Y él sí que tenía varios viñedos,la zona de Pelayos y San Martín es mucho más vitícola que la nuestra. Y bueno, él tenía su bodega, que la seguimos conservando aunque ya no elaboramos por diversos motivos, pero él hacía vino. Vendía su vino. Ese vino de pueblo aguerrido que para cada uno que lo hacía era el mejor. Amaba mucho la tierra y en consecuencia la agricultura y lo que ella daba y da.




¿Hace cuánto decidiste dedicarte a esto?

 

Siete años con la distribuidora de vinos, en la hostelería, pues desde los 21 profesionalmente, que empecé a estudiar turismo y a la vez empecé a trabajar.

 

Hago todo por mi cuenta: yo te llevo el vino, yo te lo cobro, si puedo yo te hago las catas, yo te ayudo…

 

 

¿Y te da para hacer todo solo?

 

Bueno, me da..

 

Siempre digo, yo no tengo ni idea de esto, soy muy mal comercial, pero me encanta aprender, es decir, tengo idea y cada vez aprendo más cosas y me encanta estudiar.

 

Estudié sumiller en la Cámara de Comercio de Madrid, un curso muy potente, pero que te forma muy especialmente para trabajar en sala, y qué pasa, que yo vengo de pequeño de vendimiar con mi abuelo, de hacer vino, también elaboro vino, algún año he elaborado vino y lo he vendido.

 

Es duro, ¿eh?, complicado, pero como todo emprendedor autónomo, estás haciendo lo que te gusta y eso no tiene precio.

 

 

¿Qué predomina en esta zona en cuanto a bodegas?

 

Pues lo primero, bodegas de tamaños bastante pequeños dentro de lo que es una bodega. Partimos de viñas muy pequeñitas, de viñedos muy viejos…

 

Antes todo era la viña y la gente vivía de la agricultura, de la ganadería y de los viñedos, tanto para vender uva para comer de mesa, como para llevar a las cooperativas que antes funcionaban en la zona.

 

Actualmente quedan pocas, en Cebreros (Ávila) hay una y en Cadalso de los Vidrios (Madrid) otra, que son un poco las dos que más funcionan a nivel cooperativa.

 

Y bueno, pues partiendo de viñedos pequeños, las cooperativas que siguen funcionando, imagínate viñedos muy antiguos de gente que trabajaba el campo y que todavía vive, gente de 70, 80 años.. ahí hay un patrimonio vitícola muy potente.

 

Entonces, partiendo de esa base, todo lo que se hace es respetuoso, en general con un mínimo de intervención y vinos de parcela, y aunque hay algunos más comerciales, los de más tirada a lo mejor hacen como mucho 100.000 botellas al año.

 

La mayoría de la gente con la que trabajo en cuanto a bodegas de la zona son bodegas donde el bodeguero, enólogo, viticultor, tiene un trabajo y luego tiene una bodega. Es decir que tiene su hobby, su pasión, una bodega donde se gasta el dinero que gana trabajando…

 

Aunque también funcionen, ¿no?

 

Y luego, bueno, hay una parte de gente que se dedicó exclusivamente a una bodega, gente que lleva 25 años en su propia bodega, o sea, hay un equilibrio entre todo eso.

 

 

¿Qué caracteriza los vinos de esta zona?

 

En la zona hay mucha influencia del suelo, piedras, rocas, granito, hay suelo de pizarra, la tierra es muy poco fértil y las cepas tienen que trabajar mucho para comer. También influye mucho el entorno, hay mucho monte bajo, mucha flor de jara, mucho tomillo, aromáticas, todo eso infiere mucho y obviamente hay que hacerlo bien.

 

La uva es de muchísima calidad y desde un tiempo a esta parte gracias también a la Denominación de Origen Vinos de Madrid, por supuesto, y al trabajo obviamente de tantos años de de viticultores y bodegueros, se hacen cosas realmente buenas.

 

A mí personalmente es lo que me gusta, por eso también decidí meterme en esa zona, por hacer patria.

 

 

 

¿Cómo quedaron las cosas después del incendio?

 

El patrimonio forestal, flora, fauna se ha destruido, y hay mucho viñedo afectado, pero la cepa y la viña es de lo más resistente que hay en el mundo, porque son plantas que si llevan ahí 100 años será por algo, ya han pasado de todo…

 

Las que se han quemado del todo, obviamente es una planta quemada y no va a ningún lado. Ahí tiene que esperar la gente y el año que viene podar, cruzar los dedos, para que broten la mayor cantidad posible y ver cómo evolucionan solitas para que eso vaya poco a poco, no darle de repente para que produzca otra vez como antes antes del incendio.

 

Y ya está, esperar a que se regenere el monte, que tardará un montón…

 

Es importante también plantar viñedos, para que dentro de cien años haya viñedos viejos plantados hoy en día, pero claro, hay que tener dinero y el terreno no siempre es el más fácil para trabajar, laderas de montañas, o que no se accede con coche a muchas viñas y al final tienes que seguir usando ganado, mula, buey. Va ser complicado.

 

 

¿Qué te gustaría que se conservara de esta Sierra dentro de veinte años?

 

Uff todo. Las personas sobre todo y obviamente el campo.

 

El campo es mi vida realmente, más allá de lo laboral y lo familiar, es donde me he criado y lo que me gusta. Me gusta es salir a coger espárragos, a coger setas..

 

Creo que nuestros hijos deberían de poder disfrutar lo que hemos disfrutado nosotros.

 



Una noche para seguir la conversación...


El próximo 25 de septiembre, Isma Reoyo estará en La Casa de Manolo Franco para compartir sus vinos y seguir hablando de su tierra, de sus raíces y de todo lo que hay detrás de cada botella.

 

Una última Noche Maridada de verano para conocer, degustar y descubrir la

Sierra a través de sus vinos.

 

Viernes 25 de septiembre · 21:00 h.

120 € por persona


Últimas plazas disponibles.





 
 
 

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UN DÍA EN LA SIERRA DE MADRID


Una experiencia gastronómica para recorrer el territorio a través de sus sabores.

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